Un paseo por las espectaculares cascadas de Ordesa

Llegar a la Cola de Caballo, a tres horas de camino desde la pradera de Ordesa, no tiene solo el atractivo de conocer esta gran cascada. Además, tienes la oportunidad de disfrutar de las no menos espectaculares Gradas de Soaso, las cascadas de la Cueva y el Estrecho, y otras cascadas menores que te sorprenderán a cada paso.

El Parque Nacional de Ordesa es una de las visitas imprescindibles del Pirineo aragonés. Hoy te proponemos una excursión sencilla y apta para todos los públicos hasta las espectaculares Gradas de Soaso y la Cola de Caballo.

Disfrutarás de una jornada de paseo tranquilo –alrededor de tres horas de recorrido, en suave pendiente, desde la pradera de Ordesa hasta la Cola de Caballo, contando el tiempo de descanso para reponer fuerzas, disfrutar del paisaje y hacer fotos; y otras tantas para volver-. Podrás disfrutar de un precioso paisaje boscoso, que ya empieza a teñirse de los colores del otoño, mientras escuchas el sonido del agua durante prácticamente todo el trayecto –un rumor a veces, un ruido atronador cuando te acercas a una cascada-.

El parque tiene una gran extensión -algo más de 15.600 hectáreas de terreno- y abarca una amplia zona devalles y barrancos, picos de más de 3.000 metros de altura, incluido el macizo de Monte Perdido (3.355 m) en el límite con Francia, con las cimas de las Tres Sorores, de donde derivan los valles de Ordesa, Pineta, Añisclo y Escuaín. Este soberbio rincón natural, que ha cautivado durante generaciones amontañeros, naturalistas y viajeros, ofrece grandes contrastes, desde la aridez de las zonas más altas al verdor de los valles cubiertos de bosques, en los que el agua que se filtra por grietas y sumiderostermina formando impresionantes cascadas.

Para llegar desde Formigal o Panticosa hasta la pradera de Ordesa, punto de arranque de nuestra excursión, hay que tomar la A-136 hasta Biescas y allí coger la N-260a. El recorrido en coche es de aproximadamente una hora. En esta época del año se puede llegar en coche hasta la propia pradera –en verano hay que dejar el coche en Torla y tomar allí un autobús. Una vez en la pradera no olvides que entras en un parque nacional y hay que preservar la fauna y la flora del recinto y observar una serie de normas: no llevar perros sueltos, no tirar basura o no arrancar flores, entre otras.

Desde la pradera arrancan distintas rutas por el parque, todas perfectamente indicadas. Solo hay que seguir las indicaciones hacia la Cola de Caballo y las Gradas de Soaso. El camino, en suave pendiente, permite disfrutar de grandes vistas de las fajas –las estrechas cornisas horizontales que permiten recorrer el valle el altura por encima de las grandes paredes verticales que se ven desde abajo-. A medida que ascendemos, el sonido del agua comienza a hacerse más fuerte: llegamos a las cascadas de la Cueva y del Estrecho, grandes saltos de agua que, con los años, han ido labrando zigzagueantes toboganes en la roca caliza. Hay que desviarse ligeramente del camino principal para verlas. Pero no tienen pérdida: están perfectamente señalizadas.Cascada del estrecho

Poco después llegamos a las espectaculares Gradas de Soaso, una sucesión de cascadas escalonadas y de baja altura que tiene efectos casi hipnotizadores: uno no se cansa de ver caer el agua.Gradas de Soaso

Seguimos nuestra ruta. Al poco, el camino comienza a abrirse: llegamos al Circo de Soaso, el impresionante valle glaciar en el descubriremos la Cola de Caballo. Hay que llegar hasta el fondo del circo para descubrirla, casi oculta hasta el final del trayecto, a nuestra izquierda. Esta gran cascada tiene, efectivamente, forma de cola de caballo, como puedes ver en la foto.

Hemos llegado al final del recorrido. Ahora puedes regresar por el mismo camino. O, si estás en buena forma y quieres tener una perspectiva diferente del circo, puedes tomar la Faja de Pelay –lo que te permitirá tener unas espectaculares vistas aéreas- y la Senda de los Cazadores. Pero ten cuidado: la Senda de los Cazadores, el tramo final que desciende desde la Faja de Pelay hasta la pradera de Ordesa, tiene un desnivel de 600 metros y es una bajada muy exigente, no apta para ir con niños, personas mayores o personas con movilidad reducida. Eso sí, las vistas son espectaculares desde ahí arriba.

Escojas el camino que escojas, estamos seguros de que disfrutarás de la excursión. Por algo Ordesa está catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.(Fuente: Aramón)

LA ESCAPADA

Chía y Liri, dos encantadores pueblos del valle de Benasque

 

Hoy vamos a conocer dos pequeños pueblos, con mucho encanto, en las proximidades de Cerler. Ambos tienen fantásticas vistas del valle de Benasque, ya que están ubicados en alto y uno a cada lado del valle, uno a cada lado de la carretera A-139 y el río Ésera. Se trata de Chía y Liri.

Liri, ubicado a 1.325 metros de altitud, al este del Ésera, cuenta además de con unas excelentes vistas, con “una serie de edificios singulares que bien merecen una visita: su iglesia parroquial, de origen románico aunque remodelada con posterioridad, o la Casa Fuerte de La Plana, que tiene un vistoso torreón defensivo” explica Narciso de Dios Meleroguía de montaña y profesor de esquí, además de experto conocedor de la zona. Y, si te apetece dar un paseo desde el pueblo, puedes acercarte hasta la ermita de la Virgen del Puy, una construcción del siglo XVII, a la que llegarás en apenas media hora.

Para llegar a Liri desde Cerler debes tomar la A-139, atravesar Benasque y, a la altura de Sahún, tomar el desvío hacia Liri. Son un total de 21 kilómetros que recorrerás en alrededor de 35 minutos.

El otro pueblo, situado frente a Liri, es Chía. Les separan 13 km –que se recorren en poco más de 20 minutos- a través de la N-260, atravesando Castejón de Sos y la A-139 para subir después a la otra ladera del valle.

Chía está a 1.223 metros de altura y acoge a poco más de 130 habitantes. En su casco urbano llama especialmente la atención la iglesia románica de San Martín, con su torre-campanario.  Y, como apunta Narciso de Dios, “destacan en su casco urbano las llamadas ‘Casas de los Indianos’, es decir, casas que mezclan la arquitectura propia del valle con la del otro lado del mundo”. A finales del siglo XIX un habitante de Chía se marchó a Guinea Ecuatorial, que entonces era colonia española, y allí él y su familia hicieron fortuna con el cacao -la historia dio origen al libro ‘Palmeras en la nieve’, escrito por la alcaldesa de Benasque, Luz Gabás, del que este año se estrenará la película-. A su vuelta a España, con la independencia de Guinea Ecuatorial en 1968, losdescendientes fueron los que construyeron las grandes casas de Chía mezclando la arquitectura de la colonia con la montañesa.

Sobre el pueblo está la singular Sierra de Chía, que merece una visita. Además, Chía es lugar obligado depaso desde el valle de Benasque hacia el de Gistaín, por una pista que se encuentra en buenas condiciones. Si te animas a hacer una excursión hasta el siguiente valle, desde Chía hasta el pueblo dePlan (en el valle de Gistaín) hay una distancia de 25 km, con un recorrido que sube por encima de los 2.000 metros en el puerto de Sahún y desciende después entre bosques hasta llegar a Plan.